La (sorprendente y preocupante) caída de Islandia

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La (sorprendente y preocupante) caída de Islandia

Mensaje  Dr. Doom el Lun Nov 10, 2008 12:30 am

Este es un articulo del NY Times; lo traduje pues se me hizo muy impactante lo que sucedió en Islandia, en especial la velocidad con la que sucedió todo. Nos da un ejemplo de lo rápido que nuestra sociedad, nuestra economía, y nuestro estilo de vida, pueden venirse abajo.

Para leer el articulo original en ingles, entren a la pagina del NY Times, tienen que registrarse (gratuitamente)para poder leerlo.

Los impactados Islandeses luchan después de la caída de la economía
Noviembre 9, 2008
Por Sarah Lyall, Reykjavik, Islandia

El colapso llego tan rápido que parecía irreal, imposible. Una mujer aquí lo comparo con ser golpeado por un tren. Otra dijo que sentía como si estuviera viéndolo a través de una ventana. Otra dijo, "Se siente como si te pusieran en prisión, y ni siquiera sabes que hiciste mal."

Este país, tan moderno y sofisticado como lo es geográficamente aislado, aun parece estar en shock. Pero si los eventos del mes pasado - el fracaso de los bancos de Islandia; el desplome de su moneda; la primer ola de despidos; la perdida de reputación en el extranjero - se sentía como un mal sueño, Islandia ha ahora despertado para darse cuenta que todo se esta volviendo realidad.

No como si Reykjavik, donde viven cerca de dos tercios de la población de 300,000, esté llena de lineas para comprar pan o de vagabundos o ladrones rompiendo aparadores. Pero esta ciudad, hasta hace poco el centro de una de los explosivos crecimientos económicos mas rápidos del mundo, es ahora el infeliz sitio de una de las mayores quiebras. Es imposible conocer aquí a alguien que no haya sido profundamente afectado por la crisis financiera.

De la noche a la mañana, la gente perdió sus ahorros. Los precios se dispararon. Restaurantes que antes estaban repletos están ahora casi vacíos. Los bancos están racionando las monedas extranjeras, y las compañías están encontrando cada vez más difícil hacer negocios en el extranjero. La inflación está a 16 por ciento y elevándose. La gente ha dejado de viajar fuera. La moneda local, la corona, estaba a 65 por dolar el año anterior; ahora esta a 130. Las companías están recortando los salarios, reduciendo las horas de los trabajadores y, en algunos casos, haciendo despidos masivos.

"Ningún país se ha caído tan rápidamente y de forma tan mala en tiempo de paz," dijo Jon Danielsson, un economista de la "the London School of Economics."

La perdida va más allá de lo personal, destruyendo el sentido propio de orgullo del país.
"Hace años, si yo hubiera dicho que era de Islandia la gente decía, Oh, ¿Dónde queda eso?’ dijo Katrin Runolfsdottir, 49, quien fue despedida de su trabajo secretarial el 31 de Octubre. "Eso estaba bien. Pero ahora existe esta imagen de que nosotros somos despilfarradores, ladrones."

Aldis Nordfjord, una arquitecta de 53 años, también perdió su trabajo el mes pasado. Al igual que todos sus 44 compañeros de trabajo - todos en la compañía excepto los dueños. Un 75 por ciento de los arquitectos del sector privado de Islandia han sido despedidos en las ultimas semanas, dijo.

De forma extraña, es reconfortante ser uno más de la multitud. "Todos están en la misma situación," dijo. "Imagínate, si tan solo 10 de 40 personas hubieran sido despedidas, hubiera sido diferente; te hubieras sentido, "¿Por qué yo? ¿Por qué no él?"

Hasta la última primavera, la economía de Islandia parecía estar al rojo vivo. Tenia el cuarto más alto producto interno bruto per capita en el mundo. El desempleo se encontraba entre 0 y 1 por ciento (mientras que los pronósticos para la próxima primavera son tan altos como un 10 por ciento). Un reporte de las Naciones Unidas en 2007, que mide expectativa de vida, ingreso real per-capita y nivel educativo, identificó a Islandia como el mejor país del mundo para vivir.

Envalentonados por una corona fuerte, los islandeses, otrora frugales, tomaban viajes de compras de fin de semana a Europa regularmente, compraban autos de lujo y construían casas más grandes pagadas con prestamos de bajos intereses en moneda extranjera.

Como los vikingos de la antigüedad, los banqueros de Islandia deambulaban por el mundo agarrando negocios agresivamente, bombeando deuda en un "sistema de soufflé". Los bancos son los que no pueden re-pagar miles de millones de dolares en deuda externa, y "Son ellos los que arruinaron nuestra reputación," dijo Adalheidur Hedinsdottir, quien maneja una pequeña cadena de cafeterías llamada Kaffitar y vende café al mayoreo a tiendas.

Había tanto trabajo, que tenían que importar trabajadores de fuera. La señora Nordfjord, la arquitecta, trabajaba tantas horas extra el año pasado que duplicó su salario. Ella fue presentada en un programa Sueco de radio como una experta en la extraordinaria explosión de la construcción en Islandia.

Hace dos meses, su compañía cancelo todas las horas extra. Dos semanas atrás, admitió que el trabajo estaba disminuyendo. Pero prometió que habría suficiente para durar hasta el próximo verano. El día siguiente, todo el mundo fue llevado a una sala de conferencias y despedido.

Los empresarios están sufriendo tanto como los empleados. La señora Hedinsdottir ha despedido a siete empleados de medio tiempo, corto las horas de los trabajadores de tiempo completo y subió los precios. La rama Kaffitar en la calle central de compras de Reykjavik estaba tal vez medio llena; en tiempos normales, estaría llena a reventar.

Mientras que los negocios están disminuyendo, los costos están elevándose. Cuando el gobierno tomo el control de los bancos fallidos en Octubre, el último cargamento de café de la señora Hedinsdottir — más de 109,000 libras — estaba ya en el agua, en ruta a Nicaragua. Ella tenia el dinero para pagar por él, pero como la crisis hizo a los bancos extranjeros temerosos de hacer negocios con Islandia, dijo ella, no pudo convertir suficiente efectivo a moneda extranjera. “Ellos me llamaban todos los días y me preguntaban como estaba la situación, y se pusieron muy nerviosos." dijo la señora de sus acreedores. Se pusieron tan nerviosos que enviaron el café a una bodega en Hamburgo, Alemania, en donde se encuentra ahora mientras ella intenta encontrar la moneda extranjera para pagar por él.

Sus costos fijos ya no lo son. Hace cinco años, la compañía construyo una nueva fabrica, pidiendo prestado 120 millones de coronas — alrededor de $1.5 millón de dolares — en moneda extranjera. Pero la caída de la moneda ha incrementado su deuda a 200 millones de coronas. Este verano, su pago mensual era de 2.5 millones de coronas; ahora puede que se duplique — el equivalente a $38,500 en la devaluada moneda Islandesa.
“Mi director financiero habla con los bancos todos los días, y no sabemos cuanto se supone que debemos pagar," dijo la señora Hedinsdottir.

En una encuesta reciente, un tercio de los Islandeses dijeron que ellos considerarían emigrar. Los extranjeros ya abandonaron la isla.

Anthony Restivo, un americano que trabajo este verano en una granja de papas en el Este de Islandia y que iba rumbo a casa, dijo que todos los trabajadores extranjeros de la granja se fueron abruptamente el mes pasado por que sus salarios habían bajado tanto. Un hombre que llegó de Polonia, dijo, se dio cuenta de lo poco que valía la corona y se regreso a casa el día siguiente.

En el centro comercial Kringlan, a la orilla de Reykjavik, Hronn Helgadottir, quien trabaja en la tienda de belleza Aveda, dijo que ya no podía costear viajar al extranjero. Pero que el fin de semana previo, dijo, ella y su esposo habían hecho un último viaje a Amsterdam, unas vacaciones que habían pagado meses atrás, cuando la corona aún era fuerte. Comieron tan barato como pudieron y no compraron nada. "Fue extraño estar parado en una tienda y ver una bolsa o un par de zapatos y ver que cuestan 100,000 coronas, cuando el año pasado tan solo costaban 40,000," dijo ella.

En Kopavogur, un suburbio de Reykjavik, la señora Runolfsdottir, la recién despedida secretaria, dijo que habia estado preocupada por algún tiempo de que Islandia colapsaría bajo el peso de las infladas expectativas.
“Si manejas a traves de Reykjavik, ves todas esas nuevas casas, y he estado pensando por mucho tiempo, ‘¿De donde vamos a conseguir gente para vivir en todas estas casas?’” dijo.
La firma de bienes raíces que solía emplear a la señora Runolfsdottir construyo alrededor de 800 casas hace dos años, dijo; tan solo 40 por ciento se han vendido.

De acuerdo con las leyes de Islandia, la señora Runolfsdottir y otros empleados despedidos tienen tres meses antes de tener que dejar sus trabajos. Al final de este periodo, ella comenzara a recibir beneficios de desempleo. Mientras tanto, las modestas inversiones de su esposo en varios de los ahora fracasados bancos no tienen valor. “Ellos estuvieron animándonos para comprar acciones hasta el último minuto,” dijo.

Ella se siente enojada con el gobierno, el cual en su opinión ha manejado mal todo, y enojada con los bancos que han manchado la reputación de Islandia. Y aunque tiene simpatía por los cientos de miles de depositantes extranjeros que perdieron su dinero, ella se pregunta por que el gobierno de Islandia — y, en esencia, la gente Islandesa — tiene que sufrir mas de lo que ya lo han hecho.
“No le pedimos a nadie que pusiera su dinero en los bancos,” dijo. “Estas son compañías privadas y bancos privados, y ellos fueron al extranjero a hacer negocios.”

A pesar de todo esto, los Islandeses son optimistas por naturaleza, una característica nacida, tal vez, de vivir en uno de los paisajes más exigentes del mundo y de depender por tanto de su historia en la inconsistente industria pesquera. La débil corona hará las exportaciones más atractivas, señalan ellos. Además, Islandia tiene una población joven, altamente educada, y flexible, y ha triunfado sobre dificultades antes.

Ragna Sara Jonsdottir, quien maneja un pequeño negocio de consultoría, dice que ella se ha reunido por primera vez con otros empresarios en su edificio. "Nos sentamos y dijimos, ‘Todos tenemos ideas, podemos ayudarnos mutuamente a través de estos tiempos difíciles,’ ” dijo. Pero ella dijo que esta tan asombrada como los demás de lo repentino, y lo severo, del bajón. Cuando el primer ministro, Geir H. Haarde, se dirigió a la nación al principio de Octubre, dijo ella, su hija de 6 años le pidió que le explicara lo que el había dicho. Ella le respondió que había una crisis, pero que el primer ministro no le había dicho al pais como esperaba el gobierno enfrentarla. Su hija dijo, "Tal vez el no sabía que decir."

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